Así fue ir a Medjugorje

Así fue ir a Medjugorje

En el 2013, el Corazón de Jesús me regaló la posibilidad de visitar Medjugorje. Digamos que fue el punto de quiebre que definió el antes y el después de mi relación con María. Es verdad que antes rezaba El Rosario y sabía quién era ella, pero no la había conocido. En ese viaje me encontré con ella, y experimenté en “alma propia” lo que significa que María es camino para llegar a Jesús.

«El máximo interés de María es que lleguemos al cielo: que encontremos a Su Hijo.»

En ese pequeño pueblo de Bosnia Herzegovina sólo se respiraba Dios. Él está, y lo sientes. Lo sabes. Las personas que llegan ahí, salen con un corazón distinto. Los sacerdotes y consagrados que trabajan ahí son hombres y mujeres de Dios, completamente. Los laicos son testimonio vivo de que Dios cambia vidas y las restaura. La fe de un pequeño pueblo, la fe del mundo fortalecida porque María vino a visitarlos. La fe del mundo fortalecida porque ella vino a hablarnos de Su Hijo. Vino a traerlo otra vez igual que hace 2000 años.

En ese viaje me encontré cara a cara con ella y con el mensaje de conversión que ella comunica tan insistentemente. Comprendí que lo único que ella hace es rogar por nosotros, por nuestra salvación. Ella muere por sus hijos. Ella quiere que vayamos al cielo. Es una mamá preocupada diciendo “Hijo, ¿qué esperas? Vuelve a donde perteneces”. Es puerta directa a encontrarnos con el Corazón de Cristo.

El máximo interés de María es que lleguemos al cielo: que encontremos a Su Hijo. ¡Tómala de la mano y ella te va a llevar! Aunque sea difícil, aunque dudes, aunque te olvides, aunque tengas flojera o desgano. ¡Búscala! Porque ella ya vino para decirte que te quiere con ella toda la eternidad.

 

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