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Haced lugar para el Rey

Primer Domingo de Adviento

27 Nov - 22

Ser sal y luz

Hemos sido creados para ser sal y luz del mundo. Cristo ha querido valerse de nosotros, con nuestras debilidades, pecados, imperfecciones y faltas de amor. Él ha querido que nosotros colaboremos en su proyecto de salvación porque quiere que todos los hombres le conozcan y le amen. ¿Es posible ser sal y luz en medio de un mundo que parece rechazar a Dios? No solo es posible, es necesario; porque aunque parezca un mundo que lo rechaza, en realidad lo reclama a gritos, lo necesita, lo demanda. Es un mundo que necesita amor porque se está muriendo de frío. En medio de eso, estamos llamados a ser fuego que haga arder la tierra.

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Un propósito: amarle mucho

Que maravilloso es saber que Cristo busca intimidad con cada uno de nosotros. Él nos ha llamado a estar con Él, ha conocerle, a servirle, a amarlo y trabajar para que otros le amen, ¡pero cuántas veces hemos rechazado esa invitación! Y se que no es fácil identificar las veces en que no hemos respondido, pero hagamos un examen rápido que nos ayude a clarificar.

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Epifanía: Dios al descubierto

esus, te encuentro Niño, sobre el pesebre, entre los cuidados de María y de José. He llegado con los Magos a adorarte: he hecho con ellos el camino.
Te hemos descubierto, hemos visto al Rey escondido, que hoy se muestra al mundo. Un mundo que, muchas veces, no lo reconocerá. Que difícil es rendirse a lo pequeño, a lo aparentemente insignificante que esconde la grandeza de lo divino.

Se arrodillan los magos y me arrodillo yo también. En la maravilla de la peregrinación para encontrar a un Niño, envuelto en pañales, se esconden revelaciones importantes que pretendo atesorar de a partir de ahora.

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Hasta el cielo, Benedicto

En su primera homilía pública hace ya casi 17 años, Benedicto XVI nos decía: «Mi verdadero programa de gobierno no es hacer mi voluntad, no es seguir mis propias ideas sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y la voluntad del Señor». Esta frase es el reflejo mas profundo de su pensamiento.

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Comienza el Adviento. Cristo ya viene y es hora de despertar. Es hora de prepararnos para recibirle y ante esto me pregunto: ¿cómo está mi corazón?

Sabemos que el Adviento es tiempo de prepararnos, pero ¿cómo? Dos medios concretos son claves en esta época para poder alistar el alma para Jesús: la vida de oración y la formación. Solamente con estos dos ejes se va transformando nuestro interior, el alma, la voluntad, la inteligencia.

Hablemos hoy de la vida interior: la vida de oración. La oración es para los cristianos como respirar. La oración es necesaria, elemental si decimos amar a Cristo, o si pretendemos conocerle y acercarnos a Su Corazón. Esta vida de oración constante que nos lleva a ser contemplativos: mirar a Jesús todo el día. Tenerlo cerca en lo más cotidiano, en lo más corriente, en lo más ordinario. La vida de oración que nos lleva a la intimidad con lo divino, al conocimiento de lo sobrenatural, a la sensibilidad de poder ver con ojos de eternidad lo que pareciera más transitorio, irrelevante, fugaz.

Cristo nos quiere muy suyos, y la manera de ser de Él es estar íntimamente juntos. Esa intimidad solo se logra con la oración.

Pongo sobre la mesa un propósito concreto para este Adviento: oración diaria. Haz el compromiso de orar todos los días: encuéntrate con Jesús. Conversa con Él, háblale, escúchalo, pasen tiempo en silencio, mirándose. Deja que sea Él mismo quien te prepare para recibirle: déjate hacer.

Jesús te espera. Es momento de despertar. Es hora de salir de nuestra comodidad, de nuestra tibieza, de nuestro triste conformismo. Es tiempo de arreglar la casa, que es el corazón, para recibir al Dios encarnado que viene a salvarnos. ¿Estás dispuesto?

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Ser sal y luz

Hemos sido creados para ser sal y luz del mundo. Cristo ha querido valerse de nosotros, con nuestras debilidades, pecados, imperfecciones y faltas de amor. Él ha querido que nosotros colaboremos en su proyecto de salvación porque quiere que todos los hombres le conozcan y le amen. ¿Es posible ser sal y luz en medio de un mundo que parece rechazar a Dios? No solo es posible, es necesario; porque aunque parezca un mundo que lo rechaza, en realidad lo reclama a gritos, lo necesita, lo demanda. Es un mundo que necesita amor porque se está muriendo de frío. En medio de eso, estamos llamados a ser fuego que haga arder la tierra.

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Que maravilloso es saber que Cristo busca intimidad con cada uno de nosotros. Él nos ha llamado a estar con Él, ha conocerle, a servirle, a amarlo y trabajar para que otros le amen, ¡pero cuántas veces hemos rechazado esa invitación! Y se que no es fácil identificar las veces en que no hemos respondido, pero hagamos un examen rápido que nos ayude a clarificar.

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