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Epifanía:

Mirad hecho hombre al Creador

06 Enero - 22

Los Magos encuentran a un Niño en el Pesebre. En aquel establo encontraron la Verdad.

Como a esos Reyes, hoy Cristo mismo se nos muestra. Después de un tiempo de silencio espiritual, me permite encontrarlo de nuevo, verle el rostro y descubrirle auténticamente cómo lo descubrieron aquellos Magos. ¡Quién podría imaginar a un Dios tan grande! Que se muestra frágil, sencillo, pequeño y pobre; pero con una grandeza que no cabe en nosotros, que sobrepasa las palabras y el entendimiento. Esos Magos se encontraron con la Verdad y fue tan impresionante que le creyeron. Le creyeron tanto que no le entregaron, que se fueron sin dar aviso, que le anticiparon los regalos que iban a ser su Pasión, le creyeron que era El Salvador del Mundo. Ese es el poder de la pequeñez de Dios.

Finalmente no olvidar que esto implica también el saber rendido a la mismísima Sabiduría. Todo aquello que en ese tiempo consideraban esencial, que los reyes consultaban, que las personas confiaban, cae rendido ante Aquel que es la Verdad. Nuestra confianza mundana, humana y limitada se sumerge en el misterio infinito de Dios para quedar anonadada.

¿Cómo está mi alma? ¿Será que también se rinde ante el Pesebre, reconociéndole como Único Rey, Única Verdad y Único Camino?

Que en esta fiesta de la Epifanía, encontremos también nosotros a Jesús y vayamos a adorarle.

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Epifanía:

Mirad hecho hombre al Creador

02 Enero - 22

Los Magos encuentran a un Niño en el Pesebre. En aquel establo encontraron la Verdad.

Como a esos Reyes, hoy Cristo mismo se nos muestra. Después de un tiempo de silencio espiritual, me permite encontrarlo de nuevo, verle el rostro y descubrirle auténticamente cómo lo descubrieron aquellos Magos. ¡Quién podría imaginar a un Dios tan grande! Que se muestra frágil, sencillo, pequeño y pobre; pero con una grandeza que no cabe en nosotros, que sobrepasa las palabras y el entendimiento. Esos Magos se encontraron con la Verdad y fue tan impresionante que le creyeron. Le creyeron tanto que no le entregaron, que se fueron sin dar aviso, que le anticiparon los regalos que iban a ser su Pasión, le creyeron que era El Salvador del Mundo. Ese es el poder de la pequeñez de Dios.

Finalmente no olvidar que esto implica también el saber rendido a la mismísima Sabiduría. Todo aquello que en ese tiempo consideraban esencial, que los reyes consultaban, que las personas confiaban, cae rendido ante Aquel que es la Verdad. Nuestra confianza mundana, humana y limitada se sumerge en el misterio infinito de Dios para quedar anonadada.

¿Cómo está mi alma? ¿Será que también se rinde ante el Pesebre, reconociéndole como Único Rey, Única Verdad y Único Camino?

Que en esta fiesta de la Epifanía, encontremos también nosotros a Jesús y vayamos a adorarle.​

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