Misterios

Luminosos

Misterios

Luminosos

Con San Josemaría

¡Comenzamos!

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contricción

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Credo Nicenoconstatinopolitano

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra,

de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos:

Dios de Dios, Luz de Luz,

Dios verdadero de Dios verdadero,

engendrado, no creado,

de la misma naturaleza del Padre,

por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,

y por nuestra salvación bajó del cielo,

y por obra del Espíritu Santo

se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado

en tiempos de Poncio Pilato;

padeció y fue sepultado,

y resucitó al tercer día, según las Escrituras,

y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria

para juzgar a vivos y muertos,

y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,

que procede del Padre y del Hijo, con el Padre y el Hijo

recibe una misma adoración y gloria,

y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,

que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

Queremos ser de los Tuyos

Queremos ser de los tuyos; de los tuyos de veras,

los que no retrocedan, los que no se desalienten. Los que no conozcan las medias tintas

ni las posturas ambiguas.

Los que lo den todo antes que traicionarte

 

Por eso, te rogamos, que nos enseñes,

que nos formes, que nos venzas y nos enciendas en santa violencia y en afanes de conquista.

 

Haznos apóstoles de tu Reino, luchadores de tu Santa Iglesia, para recorrer el mundo siempre a tu servicio, con la sola ilusión de que Tú reines, de que Tú seas más amado, de que Tú seas más conocido.

 

Nuestra Señora de los valientes, nuestra Señora de los humildes, encarna de muevo a Cristo en nuestra pobre vida.

Amén.

 

Encomendamos en este rosario cada una de nuestras intenciones

Padre Nuestro

3 Ave Marías

Gloria

Primer Misterio

El bautismo de Jesús en el Jordán

Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan […]. Y una voz desde los cielos dijo: —Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido.

En el Bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo.

La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra.

¡Haremos que arda el mundo, en las llamas del fuego que viniste a traer a la tierra!… Y la luz de tu verdad, Jesús nuestro, iluminará las inteligencias, en un día sin fin.

Yo te oigo clamar, Rey mío, con voz viva, que aún vibra: «he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda?» —Y contesto —todo yo— con mis sentidos y mis potencias: «¡aquí me tienes, porque me has llamado!

El Señor ha puesto en tu alma un sello indeleble, por medio del Bautismo: eres hijo de Dios.

Niño: ¿no te enciendes en deseos de hacer que todos le amen?

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Segundo Misterio

Las Bodas de Canaa

Entre tantos invitados de una de esas ruidosas bodas campesinas, a las que acuden personas de varios poblados, María advierte que falta el vino. Se da cuenta Ella sola, y en seguida. ¡Qué familiares nos resultan las escenas de la vida de Cristo! Porque la grandeza de Dios convive con lo ordinario, con lo corriente. Es propio de una mujer, y de un ama de casa atenta, advertir un descuido, estar en esos detalles pequeños que hacen agradable la existencia humana: y así actuó María.

—Haced lo que Él os diga. Llenad las vasijas, y el milagro viene. Así, con esa sencillez. Todo ordinario. Aquellos cumplían su oficio. El agua estaba al alcance de la mano. Y es la primera manifestación de la Divinidad del Señor. Lo más vulgar se convierte en extraordinario, en sobrenatural, cuando tenemos la buena voluntad de atender a lo que Dios nos pide.

Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre —¡tu Madre!— a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen vino!

Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en Él sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios.

— ¡Dame, oh Jesús, esa fe, que de verdad deseo! Madre mía y Señora mía, María Santísima, ¡haz que yo crea!

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Tercer Misterio

El anuncio del Reino de Dios y la conversión

El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio.

Jesús ve aquellas barcas en la orilla y se sube a una. ¡Con qué naturalidad se mete Jesús en la barca de cada uno de nosotros!

Cuando te acerques al Señor, piensa que está siempre muy cerca de ti, en ti: El Reino de Dios está dentro de ti. Lo encontrarás en tu corazón.

Cristo debe reinar, antes que nada, en nuestra alma. Para que El reine en mí, necesito su gracia abundante: únicamente así hasta el último latido, hasta la última respiración, hasta la mirada menos intensa, hasta la palabra más corriente, hasta la sensación más elemental se traducirán en un hosanna a mi Cristo Rey.

Duc in altum. —¡Mar adentro! —Rechaza el pesimismo que te hace cobarde y echa tus redes para pescar. ¿No ves que puedes decir, como Pedro: Jesús, en tu nombre, buscaré almas?

Debemos confiar en esas palabras del Señor: meterse en la barca, empuñar los remos, izar las velas, y lanzarse a ese mar del mundo que Cristo nos entrega como heredad.

—¡Su Reino no tendrá fin!
— ¿No te da alegría trabajar por un reinado así?

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Cuarto Misterio

La Transfiguracion del Señor

Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz.

¡Jesús: verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca, en esa contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor a Ti!

Y una voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco; escuchadle .

Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. Háblanos; estamos atentos a tu voz. Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte.

Buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos, y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle,
no como en un espejo, y bajo imágenes oscuras… sino cara a cara.Sí, mi corazón está sediento de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo vendré y veré la faz de Dios?.

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Quinto Misterio

La Institución de la Eucaristía

La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

Se hacía noche en el mundo, porque los viejos ritos, los antiguos signos de la misericordia infinita de Dios con la humanidad iban a realizarse plenamente, abriendo el camino a un verdadero amanecer: la nueva Pascua. La Eucaristía fue instituida durante la noche, preparando de antemano la mañana de la Resurrección.

Jesús se quedó en la Eucaristía por amor…, por ti.

—Se quedó, sabiendo cómo le recibirían los hombres… y cómo lo recibes tú.

—Se quedó, para que le comas, para que le visites y le cuentes tus cosas y, tratándolo en la oración junto al Sagrario y en la recepción del Sacramento, te enamores más cada día, y hagas que otras almas —¡muchas!— sigan igual camino.

Niño bueno: los amadores de la tierra ¡cómo besan las flores, la carta, el recuerdo del que aman!… Y tú, ¿podrás olvidarte alguna vez de que le tienes siempre a tu lado… ¡a Él!? —¿Te olvidarás… de que le puedes comer?

—¡Señor, que no vuelva a volar pegado a la tierra!, ¡que esté siempre iluminado por los rayos del divino Sol —Cristo— en la Eucaristía!, ¡que mi vuelo no se interrumpa hasta hallar el descanso de tu Corazón!

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Oración para sentir con la Iglesia

«Señor Jesús
si de tu Corazón herido
brotó como Esposa tuya muy querida
nuestra Madre Iglesia,
Una, Santa, Católica y Apostólica;
dame un mismo entender, querer y sentir con Ella,
sobre todo en materias
que rocen con el dogma y la moral.
Ame y obedezca con pasión
al Papa, tu Vicario,
y una obediencia también rendida
a los sucesores de tus Apóstoles,
nuestros Obispos.
Hijo fiel de tu Iglesia hasta la muerte,
su doctrina me ilumine, sus glorias me honren,
sus persecuciones me aflijan,
sus fallas me estimulen;
por Ella ore, por Ella trabaje,
por Ella sucumba.
Así sea.

Letanias

Lauretanas

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

 

Dios, Padre celestial, 
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,

Dios, Espíritu Santo, 
Santísima Trinidad, un solo Dios,

 

Santa María, 
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo, 
Madre de la Iglesia, 
Madre de la misericordia, 
Madre de la divina gracia, 
Madre de la esperanza, 
Madre purísima, 
Madre castísima, 
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada, 
Madre amable, 
Madre admirable, 
Madre del buen consejo, 
Madre del Creador, 
Madre del Salvador, 
Virgen prudentísima, 
Virgen digna de veneración, 
Virgen digna de alabanza, 
Virgen poderosa, 
Virgen clemente, 
Virgen fiel, 
Espejo de justicia, 
Trono de la sabiduría, 
Causa de nuestra alegría, 
Vaso espiritual, 
Vaso digno de honor, 
Vaso de insigne devoción, 
Rosa mística, 
Torre de David, 
Torre de marfil, 
Casa de oro, 
Arca de la Alianza, 
Puerta del cielo, 
Estrella de la mañana, 
Salud de los enfermos, 
Refugio de los pecadores, 
Consuelo de los migrantes,
Consoladora de los afligidos, 
Auxilio de los cristianos, 
Reina de los Ángeles, 
Reina de los Patriarcas, 
Reina de los Profetas, 
Reina de los Apóstoles, 
Reina de los Mártires, 
Reina de los Confesores, 
Reina de las Vírgenes, 
Reina de todos los Santos, 
Reina concebida sin pecado original, 
Reina asunta a los Cielos, 
Reina del Santísimo Rosario, 
Reina de la familia, 
Reina de la paz.

 

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

 

ORACIÓN. 
Te rogamos nos concedas, 
Señor Dios nuestro, 
gozar de continua salud de alma y cuerpo, 
y por la gloriosa intercesión 
de la bienaventurada siempre Virgen María, 
vernos libres de las tristezas de la vida presente 
y disfrutar de las alegrías eternas. 
Por Cristo nuestro Señor. 
Amén.

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida, dulzura y esperanza nuestra.

 

Dios te salve.

 

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,

a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

 

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,

vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,

y después de este destierro, muéstranos a Jesús,

fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Amén

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