A ti te digo, levántate

Por Vale

Seguramente también has sentido muchas veces que estás recostada en el suelo y no puedes levantarte. Esa sensación de que se te agotan las fuerzas, de que no sabes para donde ir. Estás cansado, perdido, desalentado y triste. Y estando justo así, sintiéndote incapaz de seguir, te encuentras a Jesús. Cara a cara, ha venido a rescatarte. 

Lo encuentras al frente y le dices: Señor, ya no puedo más. No sé que más hacer. No puedo continuar. Te mira a los ojos y te dice como dijo a la hija de Jairo: Esta niña no está muerta, está dormida. Entonces te das cuenta de que la llama que ardía en tu corazón no ha muerto, sino que efectivamente, se ha adormecido. 

Las fuerzas se te agotaron, tu corazón se alejó del Amor. Te dejaste enfriar, te dejaste dormir. Te quedaste tú también dormido en este mundo adormilado ya hace tiempo. En este mundo que se ha alejado de Dios, que lo ha ocultado de todos lados, que te rechaza, que te señala por amarlo a Él. Tú también te habías dormido. Y llega Cristo, te toma de la mano y te dice: Niña, a ti te digo, levántate. Entonces el corazón vuelve a encenderse, alimentado por ese Corazón que jamás se apaga. Tus ojos se abren de nuevo y entra en ti una fuerza renovadora, que te levanta. Por fin puedes moverte otra vez. 

La Vida ha llegado para devolvértela. Te has despertado y lo primero que has visto son los ojos de Cristo. Esos ojos inundados de amor penetrante que hacen eco en tu alma. Ojos que son una invitación hermosa a tomar Su Mano y no soltarla más. 

Ha venido la muerte por mi pecado, por mis defectos, mis caídas, mi poco amor, mi soberbia, mi poca confianza. Pero me has levantado solamente por tu gracia. No porque lo merezca, ni porque te corresponda. Me has llamado porque me amas, porque deseas que yo viva, y que viva plenamente en Ti. 

A ti te digo, ¡levántate! Esa es la orden amorosa que da Jesús a todos los corazones. Es la orden amorosa que te ha dado Jesús hoy. Abre los ojos y concéntrate un momento en los de Él. Que ese encuentro sea el comienzo de una vida nueva, de una vida de su mano. Y que esta palabra: ¡Levántate!, sea la que haga eco en nuestros corazones todos los días. Su Palabra es la que da Vida, fuerza y ánimo para seguir corriendo esta carrera y que al final podamos repetir con San Pablo: He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. (2 Timoteo 4,7)

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