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Cuando no tengas ganas de rezar

13 de agosto 2025

Teresita solía decir que cualquier consuelo espiritual era un don, no algo que deberíamos esperar o exigir siempre; era una delicadeza que Jesús tenía con nuestra alma cada que a él le apetecía dárnosla. El consuelo espiritual o las ganas internas para encontrarnos con Jesús no pueden guiar nuestra vida interior. Solo una cosa puede ser nuestra brújula: el amor. Y nuestro amor no puede depender del sentimiento.

A mi me sirve pensar en Jesús, que está verdadera y completamente presente en el Sagrario, en la Eucaristía; nos espera. Pienso en el niño de Belén que espera compañía. Pienso en el pequeño corazón que se consume por nosotros, por ti. Pienso en el Dios silencioso que aguarda paciente, que tiene sed, que nos reclama con amor.

Y entonces hay que recordar que le amamos, con ganas o sin ganas, con consuelos o sin ellos. Lo amamos y punto. Él nos espera.

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