El aliado perfecto

Por Majo

Creo que, a todos nosotros, que intentamos vivir nuestra fe católica día a día, nos resulta abrumador y a veces hasta difícil, hacernos a la idea de que sí podemos ser santos. La pregunta constante de “¿Cómo?” nos hace caer en cuenta de nuestra pequeñez y que, sin duda alguna, en este camino cuesta arriba, necesitamos toda la ayuda posible. 

Como eres el favorito de Dios y Él no dejo nada a la “suerte”, pensó desde siempre en mil y un maneras para que logres llegar al cielo. Es que sí, son más los medios que tenemos para ir arriba, que para ir abajo. 

Así, pensando en ti y en mí, decidió asignar un Ángel de la Guarda a cada uno de sus hijos. Hoy se los quiero presentar, con las esperanzas de que, al terminar de leer estas pequeñas líneas, decidan retomar la relación con ese amigo que nunca falla. 

Primero, lo primero. La existencia de los ángeles es una verdad de fe, son los servidores y mensajeros de Dios. Seres espirituales e inmortales con inteligencia y libertad. En el Nuevo Testamento, Jesús dice (Mt. 18, 10): “Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus Ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial”. Es un hecho que Dios nos ha dado un Ángel Custodio que nos cuida y guía desde el primer instante de nuestra existencia hasta el final. 

Pero, ¿qué hacen estos Ángeles Custodios y cuál es su misión?

Desde el primer día contamos con la compañía de un ángel que nos guiará y protegerá a lo largo de toda nuestra vida.  Son esos grandes amigos que nos acompañarán a lo largo del camino, hay que entenderlos como el mejor guía que nos dará la mano y ayudará a transitar el camino de la vida que, seamos honestos, muchas veces nos resulta difícil ¡Vaya que necesitamos ayuda!

Están con nosotros las 24 horas del día, los 7 días de la semana, no se apartan nunca de nuestro lado. Están ahí incluso cuando no somos dignos de su compañía. San Pío decía: ¡Cuántas veces, ay de mí, he hecho llorar a este buen ángel! ¡Cuántas veces he actuado sin preocuparme de que podría ofender la pureza de su mirada!

Es que, si fuéramos más conscientes de su presencia… ¿Cuántas cosas haríamos y cuántas otras dejaríamos de hacer?

Es difícil hacerse a la idea de que está ahí, porque no lo “vemos”, pero vamos… es una verdad, habla con él y sé dócil… te prometo que te vas a sorprender. 

Nuestro Ángel de la Guarda es nuestro aliado perfecto. Cuando llegue el momento de nuestra muerte y enfrentemos nuestro juicio personal, será nuestro ángel el testigo por excelencia. Él será el encargado de recordar las delicadezas que hayamos tenido con nuestro Señor a lo largo de nuestra vida. 

Cuando tengas miedo, duda o alguna preocupación acude a tu Ángel de la Guarda, él junto a Jesús te ayudarán a resolverlas. No solo brindan ayuda espiritual sino también física, así que en este camino cuesta arriba ¡confía en tu Angelito de la Guarda! Conversa con él, pues está cerquita a Dios y le puede contar tus inquietudes, no porque Dios no las oiga… sino porque a nosotros no nos viene mal una ayuda extra. 

El Ángel Custodio es ese amigo que puede que no veamos, pero sí escuchamos, cuando sientas la inspiración, hazle caso. A veces pasa que tenemos una duda, pero dentro de nosotros nos inclinamos por alguna opción en particular, cuando hay que tomar una decisión, algo nos “dice” qué sería mejor… muchas veces, es tu ángel soplándote la respuesta. El “Ángelito de la Guarda” no es solo para los niños, vamos viendo que todos lo necesitamos, incluso mientras más grandes, más necesaria es su asistencia. 

Si se te hace difícil imaginarlo, te dejo un ejemplo sacado de mi buen amigo San Josemaría Escrivá. Él se los imaginaba así: con la fortaleza de una máquina y la delicadeza de una madre. Es un príncipe del cielo que Dios ha puesto a nuestro lado para que nos sonría en las penas, para que nos empuje si nos vamos a caer y nos sostenga. ¿Sabías que en al ángel de San Josemaría lo ayuda a levantarse siempre a la misma hora para salir a dar la comunión? Sí confías en tu ángel y conversas con él, no te va a defraudar. Pero eso sí… recuerda que su misión es que seas santo y esto lo hace porque le sirve a Dios, te ayudará con lo que le pidas en medida que eso te lleve al cielo, de lo contrario pues lo evitará. Aquí también vale la pena recordar que tú también eres libre y tomas tus propias decisiones, busca ser dócil para que te dejes guiar y entrena tu voluntad para ser cada día más fuerte. Pídele a tu ángel que te ayude con eso, se trata de trabajo en equipo y que gran compañero nos dio Dios para armarlo. 

Hace unos días preguntaron si podemos pedirle a nuestro ángel por otra persona, la respuesta es que sí. Por ejemplo, cuando tengas una conversación importante con alguien, le puedes pedir a tu ángel que hable con el ángel de esta otra persona, para que inspire en ella paciencia, calma o lo que necesites para que la conversación transcurra bien. San Pío tenía una relación muy especial con su ángel y recibía la visita de los ángeles de las personas que querían confesarse con él. Las personas hacían grandes colas para lograr una confesión con Padre Pío y cuando se quedaba sin tiempo él les decía: “mándame a tu ángel de la guarda”, pues así recibía las inquietudes de quienes lo buscaban. 

Contar con la ayuda especial de un ángel es un gran regalo de Dios y todo lo que viene de Él debe ser cuidado y custodiado con agradecimiento y amor. Por eso, debemos atesorar esta amistad con nuestro Ángel Custodio y buscar en ellos ese empujón cuando nos sentimos cansados o perdidos, para que nos ayuden a volver al camino. Claro está, que es Dios quien nos ama primero y es gracias a este amor que contamos con este regalo y los ángeles siempre responderán a su servicio, no a nuestros caprichos. 

Recordemos también, tener cuidado con aquello que busca confundir nuestra fe y desvirtuar la imagen de estos ángeles servidores de Dios. Hoy en día se habla mucho de ángeles con distintos nombres, libros, fechas y rituales especiales; pero nuestra fe no es de supersticiones y trucos de magia. Los ángeles no son “dioses” a los que hay que adorar, ellos sirven a Dios. Si encuentras algo que diga lo contrario, no estará respetando su razón de ser y para lo que fueron creados. ¡No caigamos en supersticiones! 

Cuando tengo miedo o me siento sola, saber que cuento con su compañía me da fuerzas para afrontar lo que esté perturbando mi corazón. Con la certeza que le lleva mis inquietudes y dudas a Dios, camino sabiendo que tengo al aliado perfecto, un amigo que nunca me defrauda y me mira con cariño y ternura a pesar de mis errores, porque me ayuda a levantarme y a seguir intentando con más empeño aún. Sé que Dios me ama y me dio este regalo precioso para llegar a estar junto Él cuando decida llamarme. Espero ser cada día más agradecida con este aliado protector y honrar el trabajo que le doy, al tener que perseguirme en mis aventuras diarias, siendo cada vez más dócil a la voluntad de Dios y consciente de su pura presencia. 

Aprovecha este gran regalo y amigo perfecto. Está contigo en este preciso momento mientras lees esto, sonríele, habla y conversa con él… te está esperando. Un tip, al acostarte pídele que rece e interceda por ti, igual mientras duermes es cuando menos trabajo le das. 

Por Majo

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