Serie: Demostrando la existencia de Dios

El argumento de la causalidad: La segunda vía de Santo Tomás de Aquino

Por Mauricio Briceño

Serie: Demostrando la existencia de Dios

El argumento de la causalidad: La segunda vía de Santo Tomás de Aquino

por Mauricio Briceño

Como se mencionó en los artículos Fe y Razón y ¿Es demostrable la existencia de Dios? (1), existen argumentos racionales convincentes que permiten afirmar con certeza la existencia de Dios o, en otras palabras, prueban su existencia. Así, por ejemplo, se afirmó en el artículo El argumento cosmológico Kalam que la existencia de Dios puede deducirse a través de la existencia del universo. Otro grupo de argumentos, que algunos han calificado como los más sólidos (2), son las cinco vías de Santo Tomás de Aquino. Estas están resumidas en su obra más voluminosa, la Summa Theologiae o Suma Teológica (3) y son conocidas como las siguientes:

1. Primera vía: El argumento del movimiento

2. Segunda vía: El argumento de la causalidad

3. Tercera vía: El argumento de la contingencia

4. Cuarta vía: El argumento de los grados de perfección

5. Quinta vía: El argumento de la finalidad u orden en el cosmos

Estas vías son deducciones, es decir, parten de premisas y llegan a una conclusión que, en nuestro caso, es la existencia de Dios. Además, todas comparten una estructura similar. El punto de partida para cada vía es un hecho evidente que es razonablemente aceptado por toda persona, incluso atea o no creyente. Por ejemplo, la primera vía parte de la existencia del cambio en los seres, del «movimiento». Luego, se afirma que dicho hecho no es explicado única y solamente por los seres de nuestra experiencia, demostrándose ello por imposibilidad lógica o fáctica. Por tanto, se postula la existencia de un ser distinto cualitativamente a dichos seres, con características que expliquen adecuada y plenamente el hecho mencionado. Finalmente, se demuestra que dicho «ser distinto» se identifica única y necesariamente con Dios, dado que cuenta con atributos que son propios de Él. Así, se concluye que Dios existe. En resumen, se parte de un hecho evidente y observable para concluir racionalmente la existencia de un ser no evidente y no observable, que es Dios.

Una segunda objeción afirma que, dado que «todo ser tiene una causa», entonces Dios también debe tenerla. Esto fue dicho por el filósofo ateo Bertrand Russell y esta discrepancia se escucha implícitamente en la pregunta popular: «Si Dios creó todo, ¿quién creó a Dios?».

En este artículo, se explicará la vía que probablemente es la más sencilla de comprender: la segunda vía o el argumento de la causalidad. Esta afirma lo siguiente:

1. En el mundo encontramos un orden de causas eficientes, que se encuentran subordinadas entre sí, formando una serie.

2. Sin embargo, no encontramos y es imposible que una cosa sea causa de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, lo cual es imposible.

3. Asimismo, esta serie de causas no puede prolongarse indefinidamente. Esto es así porque las causas subordinadas dependen de la serie de causas previa y, si se elimina la causa, se elimina el efecto, si no existe la primera causa, entonces tampoco existiría la intermedia o la última, ni efecto alguno en el mundo. Y esto es falso, pues contradice nuestra evidencia. Por tanto, es necesario que exista una Primera Causa necesariamente incausada, que no sea causada por otra.

4. Esta Primera Causa se identifica con Dios.

5. Conclusión, Dios existe.

Expliquemos de manera más comprensible cada premisa. La premisa 1 expone el principio de causalidad. Este principio es evidente por sí mismo, afirma que una cosa no puede salir de la nada, es decir, niega que el ser pueda proceder del no-ser. Sin esta verdad la ciencia no existiría (4): si algo puede salir de la nada, ¿para qué intentar descubrir el origen de la vida, para qué buscar explicación a los fenómenos de la naturaleza? Por otra parte, ¿por qué se emplea el término «eficiente» al referirse a las causas? Santo Tomás se expresa según la filosofía aristotélica, es decir, aquella postulada y argumentada por el filósofo griego Aristóteles. Y dado que Aristóteles detallaba la existencia de 4 tipos de causas (5), Santo Tomás especifica que se refiere a la causa eficiente, que es aquella razón por la cual las cosas contingentes (que pudieron ser de varias formas o pudieron no haber existido) llegan a ser de la forma determinada en la que son. La causa eficiente de una silla sería, por ejemplo, un carpintero. La causa eficiente de un balón de fútbol en movimiento es el pie del futbolista. 

La premisa 2 afirma que ningún ser contingente puede causarse a sí mismo. Pensemos en la silla: si la silla se causase a sí misma debería ser anterior a sí. Pero para causar hay que primero existir. Si la silla es anterior a sí, ¿cómo pudo haber causado cuando aún no existía? Para ello, causarse a sí misma, la silla debería existir cuando no existió, y esto último es una contradicción evidente.

La premisa 3 afirma que no puede existir, en la serie de causas, un regreso al infinito. Porque, si existe una serie infinita de causas que culmina en un efecto, implica que se terminó un proceso infinito de causalidad y nos encontramos ante un infinito terminado: sería semejante a afirmar que un atleta culminó una carrera de obstáculos con infinitos obstáculos (6). Esto es cierto en series lineales, pero lo es así también en series jerárquicas (7), es decir, aquellas que dependen del ser y no del tiempo: aquellas series que existen aquí y ahora, sin necesidad de un regreso temporal, pero sí de un regreso en el orden del ser. Por ejemplo, pensemos en un hombre que existe por sus miembros, que existen por sus tejidos, que existen por sus moléculas, que existen por sus átomos, etc. Si es que no existiera una primera causa que sostenga en la existencia a las demás causas intermedias, no existiría efecto final alguno. Pero como hay un efecto final evidente, es necesaria una Primera Causa.

La premisa 4 identifica a la Primera Causa con Dios. Esto es así porque la Primera Causa no depende de ninguna otra, sino que sostiene plena y absolutamente a las demás causas. Y esta es la definición del Ser Subsistente (explicado ampliamente en el artículo Entendiendo racionalmente los atributos de Dios), el cual es la plenitud del ser y dota del ser a todo lo existente. Y la definición de Dios es el Ser Subsistente. Por tanto, La Primera Causa es Dios.

Conclusión: si en un razonamiento deductivo las premisas son verdaderas y el proceso deductivo es válido, la conclusión a la cual se llega es necesaria. Y no aceptar la conclusión sería irracional. Por tanto, Dios existe.

A esta segunda vía se le han planteado algunas objeciones. Richard Dawkins, reconocido biólogo ateo, afirmó que incluso si existiese el «terminador» de la serie causal, no habría razón para dotar a dicho terminador de las propiedades que comúnmente se atribuyen a Dios, como su omnipotencia, omnisciencia, bondad, entre otros (8). A esto hay que decir que Dawkins ignora las siguientes 24 «cuestiones» de la Suma Teológica, en las cuales Santo Tomás va deduciendo lógicamente los atributos de Dios según la definición de Ser Subsistente. Invitamos al lector a revisar el artículo Entendiendo racionalmente los atributos de Dios, en el cual brevemente se deducen los atributos de dicho Ser, como su omnipotencia, omnisciencia y bondad. Por tanto, esta objeción no es efectiva.

Una segunda objeción afirma que, dado que «todo ser tiene una causa», entonces Dios también debe tenerla. Esto fue dicho por el filósofo ateo Bertrand Russell (9) y esta discrepancia se escucha implícitamente en la pregunta popular: «Si Dios creó todo, ¿quién creó a Dios?». Esta objeción malinterpreta, en primer lugar, la primera premisa de la vía. Santo Tomás no afirma que todo ser tiene una causa, sino que existe «un orden de causas eficientes». Asimismo, la explicación de esta premisa especifica que, en todo caso, todo ser contingente tiene una causa. Y, según la tercera premisa, por necesidad, debe existir una Primera Causa no contingente, una causa incausada, que en último término se identifica con Dios. En suma, se debe afirmar necesariamente que la serie causal tenga un inicio en una Primera Causa que sea cualitativamente distinta a los demás seres contingentes y deba ser necesariamente incausada. Por tanto, esta objeción no es efectiva.

Una tercera objeción podría admitir que cada ser contingente tiene una causa, pero niega que todo el conjunto de seres contingentes, toda la realidad física, la tiene. A esto hay que decir que «el total no tiene realidad aparte de sus miembros» (10), es decir, nunca puede existir un todo independientemente de sus partes. Por ejemplo, no puede existir el conjunto de la raza humana sin los miembros individuales humanos, sin cada ser humano. Y, por tanto, la cualidad (no cantidad o grado) de las partes conforma la cualidad del todo. En el mismo ejemplo, si cada ser humano es mortal, el conjunto de la raza humana también lo es. Por consiguiente, si cada ser físico es contingente, el total de la realidad física también lo es. Entonces, la totalidad de la realidad física requiere una causa exterior a sí misma. En conclusión, esta objeción no es efectiva.

Una cuarta objeción afirma que no es necesario culminar o detener la serie causal en Dios, sino que esta serie podría culminarse en una causa física. Esta objeción fue pensada desde el filósofo empirista David Hume: «¿Por qué no detenernos en el mundo material? (11)», Dawkins afirmó que dicha primera causa podría ser la singularidad del Big Bang (12), e incluso el reconocido físico Stephen Hawking afirmó que «el universo surgió espontáneamente de la nada» como consecuencia de las leyes físicas (13). Filosóficamente, se puede afirmar que incluso si esta objeción es efectiva en el caso de una serie lineal temporal, la explicación de la premisa 3 de la segunda vía afirma que la existencia de Dios también es necesaria aquí y ahora, y no únicamente en el pasado, en el inicio temporal, sino como el sustento de todos los seres en este momento, en un inicio lógico. Esto fue detallado previamente. Por tanto, el inicio o incluso, por el contrario, la eternidad del universo no afectaría el argumento de la causalidad. Esto es así según la serie jerárquica, pero ¿qué puede decirse de la objeción según una serie lineal? Pues, puede emplearse parte del argumento cosmológico Kalam expresado en el artículo del mismo nombre: efectivamente existe un consenso científico que afirma el inicio material y temporal del universo. Pero este inicio no puede surgir de la nada, pues «de la nada, nada proviene» (14), el no-ser no puede causar. El universo, que es contingente según la respuesta a la tercera objeción, tiene que tener una causa. Y esta Primera Causa no es física, ni temporal, puesto es que científicamente aceptable que toda la realidad material y temporal tuvo un inicio. ¿Cómo, entonces, Hawking puede afirmar que el universo surgió de la nada, dando a entender que no tuvo causa? Hawking indica en realidad que dicha «nada» es un «vacío cuántico inicial». Pero este vacío cuántico no es la nada absoluta, no es el no-ser, sino es un «objeto físico», el cual puede ser cargado de energía y tener una variedad de estados diferentes, según afirma el físico Alexander Vilenkin (15). Por tanto, Hawking no afirma realmente que el universo procedió de la nada, sino que añade una causa física previa en la serie de causas. Y esto, tarde o temprano, deberá enfrentarse a la realidad científica que todo universo en expansión no puede ser infinito en el pasado, sino debe tener un límite espacio-temporal, de acuerdo al teorema Burde-Guth-Vilenkin (16). Por tanto, en base a proposiciones científicas, se llega incluso a la Primera Causa según una serie lineal. En conclusión, estas objeciones no son efectivas. 

Como se demostró a lo largo del artículo, la segunda vía es una argumentación sólida de la existencia de Dios. En el próximo contenido, también se narrarán otras vías, con las cuales el lector podrá afirmar racionalmente y con certeza: «Dios existe».

1

 Catecismo de la Iglesia Católica, 31

2

 Dante Urbina, ¿Dios existe?, part. 1, cap. 2.

3

 Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q. 2, a. 3.

4

 Heinri Poncairé, matemático, citado por: Henry Hazlitt, The Foundations of Morality, p. 270.

5

 La causa material, formal, eficiente y final.

6

 Dante Urbina, ¿Dios existe?, part. 2, cap. 2.

7

 Algunos afirman que las primeras 3 vías de Santo Tomás aplican únicamente a series jerárquicas.

8

 Richard Dawkins, The God Delusion, cap. 3, p. 199.

9

 Bertrand Russel, Why I Am Not a Christian, p. 10.

10

 Frederick Copleston a Bertrand Russell durante debate en BBC, 1948.

11

 David Hume, Dialogues Concerning Natural Religion, part. IV.

12

 Richard Dawkins, The God Delusion, cap. 3, pp. 201-202.

13

 Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, The Great Design, p. 136.

14

 Frase usualmente atribuida al filósofo griego Parménides.

15

 Alexander Vilenkin, Many Worlds in One: The Search For Other Universes, p. 48.

16

 Arvind Borde, Alan Guth y Alexander Vilenkin, “Inflationary Space-Times are Incompleted in Past Directions”, Physical Review Letters, n° 90, 2003, pp. 151-301.

Por Mauricio Briceño

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