Misterios

Gloriosos

Misterios

Gloriosos

Con San Juan XXIII

¡Comenzamos!

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contricción

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Credo Nicenoconstatinopolitano

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra,

de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos:

Dios de Dios, Luz de Luz,

Dios verdadero de Dios verdadero,

engendrado, no creado,

de la misma naturaleza del Padre,

por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,

y por nuestra salvación bajó del cielo,

y por obra del Espíritu Santo

se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado

en tiempos de Poncio Pilato;

padeció y fue sepultado,

y resucitó al tercer día, según las Escrituras,

y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria

para juzgar a vivos y muertos,

y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,

que procede del Padre y del Hijo, con el Padre y el Hijo

recibe una misma adoración y gloria,

y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,

que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

Queremos ser de los Tuyos

Queremos ser de los tuyos; de los tuyos de veras,

los que no retrocedan, los que no se desalienten. Los que no conozcan las medias tintas

ni las posturas ambiguas.

Los que lo den todo antes que traicionarte

 

Por eso, te rogamos, que nos enseñes,

que nos formes, que nos venzas y nos enciendas en santa violencia y en afanes de conquista.

 

Haznos apóstoles de tu Reino, luchadores de tu Santa Iglesia, para recorrer el mundo siempre a tu servicio, con la sola ilusión de que Tú reines, de que Tú seas más amado, de que Tú seas más conocido.

 

Nuestra Señora de los valientes, nuestra Señora de los humildes, encarna de muevo a Cristo en nuestra pobre vida.

Amén.

 

Encomendamos en este rosario cada una de nuestras intenciones

Padre Nuestro

3 Ave Marías

Gloria

Primer Misterio

La Resurrección del Señor

Misterio de la muerte aceptada y vencida. La resurrección es el mayor triunfo de Cristo, y, juntamente da la seguridad del triunfo de la Santa Iglesia Católica, a pesar de las adversidades, a pesar las persecuciones; ayer, en el pasado, mañana, en el porvenir. Es provechoso recordar que la primera aparición de Jesucristo fue a las santas mujeres, que le fueron familiares en su vida humilde, y estuvieron muy junto a Él en sus padecimientos hasta el Calvario, comprendido el Calvario.

A la luz del misterio nuestra fe contempla vivientes, unidas ya para siempre a Jesucristo resucitado, las almas que nos fueron más queridas, de cuya familiaridad gozamos, cuyas penas compartimos. ¡Cómo se aviva en el corazón, al calor del misterio de la resurrección, el recuerdo de nuestros muertos! Recordados y favorecidos con el sufragio del sacrificio del Señor crucificado y resucitado, toman parte aún en lo mejor de nuestra vida, la oración y Jesucristo.

Por algo la liturgia oriental termina los ritos fúnebres con el aleluya por todos los muertos. Pidamos para ellos la luz de las moradas eternas, mientras el pensamiento se detiene en la resurrección que aguarda a nuestros propios restos mortales: “Espero en la resurrección de los muertos”. El saber esperar. El confiar siempre en la suavísima promesa, de la que es prenda la resurreción de Cristo, es ciertamente un cielo anticipado.

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Segundo Misterio

La Ascensión del Señor

En el presente misterio contemplamos la culminación, el cumplimiento definitivo de las promesas de Jesucristo. Es la respuesta que Él da anuestro anhelo del paraíso. Su retorno definitivo al Padre, del que un día bajó al mundo para vivir entre nosotros, es seguridad para todos los hombres, a quienes Él ha prometido y preparado un puesto allá arriba. “Voy a prepararos el lugar”.

Este momento del Rosario nos enseña y exhorta a que no nos dejemos prender en lo que pesa y entorpece, abandonándonos, en cambio, a la voluntad del Señor, que nos estimula hacia lo alto. En el momento de volver al Padre, subiendo al cielo, los brazos del Señor se abren bendiciendo a los primeros apóstoles, y alcanza a todos los que, siguiendo sus huellas, siguen creyendo en Él, y es para sus almas una plácida y serena seguridad del encuentro definitivo con Él y todos los salvados en la felicidad eterna.

Ante todo, el misterio e nos presenta como luz y norma para las almas que se preocupan de su propia vocación. En lo íntimo del misterio se halla el movimiento de vida espiritual, el deseo ardiente de superación continua, que arde en el corazón de los sacerdotes no apegados a ls cosas de la tierra, cuidadosos únicamente de abrirse, y abrir a otros, caminos que llevan a la perfección y santidad, al grado de gracia a que deben llegar, en privado o en común: sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros y misioneras, seglares amantes de Dios y de su Iglesia, y muchas almas, aquellas al menos que son como “el buen olor de Cristo”, junto a las cuales se siente cercano al Señor. Viven, en efecto, ya ahora, en una comunión constante de vida celestial.

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Tercer Misterio

La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Santísima Virgen

En la última cena recibieron los apóstoles la promesa del Espíritu Santo. En el cenáculo, ausente Cristo, pero presente María, lo reciben como don supremo de Cristo. ¿Qué otra cosa es sino su Espíritu? Es, además, el que consuela y vivifica las almas. El Espíritu Santo continúa su acción sobre y en la Iglesia en todo tiempo. Los siglos y los pueblos pertenecen al Espíritu, pertenecen a la Iglesia. Los triunfos de la Iglesia no son siempre visibles exteriormente. Pero de hecho los hay siempre, y siempre están llenos de sorpresas, a menudo de maravillas.

La virtud divina que infunde el Espíritu Santo en el alma de los hombres es gran apoyo de la espeanza, fuerza poderosa, única ayuda verdadera para la vida humana. Nos referimos a la gracia que nos santifica, y que en realidad es precedida y seguida de gracias efectivas. Ciertamente lo que importa grandemente es el que el espíritu de los hombres se renueve en su interior, naciendo a nueva vida.

María, la Madre de Jesús, y siempre dulce Madre nuestra, se hallaba con los apóstoles en el cenáculo de Pentecostés. Permanezcamos muy cerca de ella por medio del Rosario. Nuestras oraciones unidas a las suyas renovarán el antiguo prodigio. Será como el nacimiento de un nuevo día, un alba esplendorosa en la Iglesia católica, santa y aún más santa, católica y aún más católica, en los tiempos modernos.

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Cuarto Misterio

La Asunción de María a los cielos

La figura soberana de María se ilumina y transfigura en la suprema exaltación a que puede llegar una criatura. Qué cuadro de gracia, de dulzura, de solemnidad en la dormición de María, cual la contemplan los cristianos de Oriente. Tranquila en el plácido sueño de la muerte, Jesús está a su lado, y mantiene junto a su corazón el alma de María, como si fuera un niño, como indicando el inmediato prodigio de su resurrección y glorificación.

Los cristianos de Occidente prefieren, con los ojos y con el corazón, seguir a María que sube al cielo en alma y cuerpo. Así la han visto y representado los artistas más célebres en su incomparable belleza. ¡Oh, sigámosla también así! Dejémonos arrastrar por el coro de ángeles.

Es motivo de consuelo y confianza, en los días de dolor, para las almas privilegiadas –y todos podemos serlo, a condición de ser fieles a la gracia- que Dios prepara en el silencio al triunfo más bello, al triunfo del altar.

El misterio de la Asunción nos hace familiar el pensamiento de la muerte, de nuestra muerte, y es una invitación al abandono confiado. Nos familiariza y hace amigos de la idea de que el Señor estará presente en nuestra agonía, como querríamos que estuviese, para tomar Él en sus manos nuestra alma inmortal.

¡Virgen Inmaculada: que podamos compartir contigo la gloria celestial!

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Quinto Misterio

La Coronación de Santa María como Reina y Señora de todo lo creado

Es la síntesis de todo el Rosario, que de este modo se cierra en la alegría, en la gloria.

El gran destino que el ángel le descubrió a María, en la Anunciación, como una corriente de fuego y de luz, ha pasado uno a uno a través de todos los misterios. El pensamiento de Dios sobre nuestra salvación, que se ha hecho patente en tantos cuadros, nos ha acompañado hasta aquí y nos lleva ahora a Dios en el esplendor del cielo.

La gloria de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, toma su fulgor de la luz inaccesible de la Trinidad augusta. Vivos reflejos de ella caen sobre la Iglesia, que triunfa en los cielos, que padece en la confiada espera del purgatorio, que lucha en la tierra.

La reflexión ha de recaer sobre nosotros mismos; sobre nuestra vocación por la que un día seremos asociados a los ángeles y a los santos y cuyas gracias santificantes anticipan ya desde esta vida la realidad mistreriosa y consoladora; ¡oh qué delicia, oh qué gloria! Somos “conciudadanos de los santos y de la familia de Dios; edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús”.

La intención de este misterio es orar por la perseverancia final y por la paz sobre la tierra, que abre las puertas de la eternidad bienaventurada.

            Oh María, tú que ruegas con nosotros, tú que ruegas por nosotros. Lo sabemos. Lo sentimos, oh qué realidad más deliciosa, qué gloria más soberana, en esta concordia celestial y humana de afectos, de palabras, de vida, que nos ha procurado y procura el Rosario: mitigación del dolor, prueba sabrosa de paz celestial, esperanza de vida eterna.

Padre Nuestro

10 Ave Marías

Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo y socorre a las más necesitadas de tu misericordia.

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos, oh gran Señora. Amén

 

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Oración para sentir con la Iglesia

«Señor Jesús
si de tu Corazón herido
brotó como Esposa tuya muy querida
nuestra Madre Iglesia,
Una, Santa, Católica y Apostólica;
dame un mismo entender, querer y sentir con Ella,
sobre todo en materias
que rocen con el dogma y la moral.
Ame y obedezca con pasión
al Papa, tu Vicario,
y una obediencia también rendida
a los sucesores de tus Apóstoles,
nuestros Obispos.
Hijo fiel de tu Iglesia hasta la muerte,
su doctrina me ilumine, sus glorias me honren,
sus persecuciones me aflijan,
sus fallas me estimulen;
por Ella ore, por Ella trabaje,
por Ella sucumba.
Así sea.

Letanias

Lauretanas

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

 

Dios, Padre celestial, 
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,

Dios, Espíritu Santo, 
Santísima Trinidad, un solo Dios,

 

Santa María, 
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo, 
Madre de la Iglesia, 
Madre de la misericordia, 
Madre de la divina gracia, 
Madre de la esperanza, 
Madre purísima, 
Madre castísima, 
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada, 
Madre amable, 
Madre admirable, 
Madre del buen consejo, 
Madre del Creador, 
Madre del Salvador, 
Virgen prudentísima, 
Virgen digna de veneración, 
Virgen digna de alabanza, 
Virgen poderosa, 
Virgen clemente, 
Virgen fiel, 
Espejo de justicia, 
Trono de la sabiduría, 
Causa de nuestra alegría, 
Vaso espiritual, 
Vaso digno de honor, 
Vaso de insigne devoción, 
Rosa mística, 
Torre de David, 
Torre de marfil, 
Casa de oro, 
Arca de la Alianza, 
Puerta del cielo, 
Estrella de la mañana, 
Salud de los enfermos, 
Refugio de los pecadores, 
Consuelo de los migrantes,
Consoladora de los afligidos, 
Auxilio de los cristianos, 
Reina de los Ángeles, 
Reina de los Patriarcas, 
Reina de los Profetas, 
Reina de los Apóstoles, 
Reina de los Mártires, 
Reina de los Confesores, 
Reina de las Vírgenes, 
Reina de todos los Santos, 
Reina concebida sin pecado original, 
Reina asunta a los Cielos, 
Reina del Santísimo Rosario, 
Reina de la familia, 
Reina de la paz.

 

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

 

ORACIÓN. 
Te rogamos nos concedas, 
Señor Dios nuestro, 
gozar de continua salud de alma y cuerpo, 
y por la gloriosa intercesión 
de la bienaventurada siempre Virgen María, 
vernos libres de las tristezas de la vida presente 
y disfrutar de las alegrías eternas. 
Por Cristo nuestro Señor. 
Amén.

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida, dulzura y esperanza nuestra.

 

Dios te salve.

 

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,

a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

 

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,

vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,

y después de este destierro, muéstranos a Jesús,

fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Amén

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