¿Por qué me cuesta encontrar el amor?

Por Majo

La mayoría, o me atrevería a decir todos, tenemos el anhelo de encontrar esa persona con la que compartiremos el resto de nuestra vida. Ansiamos enamorarnos y suspirar como lo hacemos al ver una buena película. A pesar de quererlo y buscarlo, muchas veces nos cuesta encontrar el amor. A veces elegimos mal o simplemente esperamos a alguien, que parece no tiene intenciones de llegar. Entonces, nos preguntamos ¿por qué me cuesta tanto encontrar el amor?

Para empezar, es importante saber que todos tenemos heridas que nos dificultan ese amar y ser amado. Tenemos una herida compartida, el pecado original, una inclinación hacia el mal y el egoísmo, causada por esa ruptura en nuestro interior. Ahora, si bien tenemos esa inclinación hacia las cosas que no nos hacen bien, también tenemos nuestra voluntad para optar por aquello que nos hará verdaderamente felices y cambiar el curso de nuestra historia. 

Cada uno tiene su propia historia y somos diferentes. Nuestra historia está llena de carencias o excesos que nos marcan y dan lugar a nuestras “necesidades afectivas”. Cuando estas necesidades no son cubiertas adecuadamente, con lo que realmente necesitamos, se pueden convertir en heridas. De esta manera, las heridas quedan ahí y son nuestra parte sensible. Es como cuando te raspas y te queda una marca que, si la rozas con algo, te dolerá.  La diferencia es que estos moretones se quedan en nuestro corazón y condicionan nuestra manera de reaccionar y actuar. ¿Por qué? Porque queremos evitar el dolor, incluso sin darnos cuenta. Por ejemplo, no les pasa que vivimos alguna experiencia o vemos alguna situación que nos afecta y no sabemos por qué, o tenemos reacciones exageradas, sentimientos de pena, angustia, cosas que quieres dejar y no puedes… esas son señales de que hay algo en nosotros que debemos trabajar. No podemos acostumbrarnos a vivir con esos síntomas y pensar que son normales, pues van limitando nuestra capacidad de amar.

¡No se alarmen! Les tengo una excelente noticia: ES POSIBLE SANAR. Dios quiere que sanes para que puedas vivir mucho mejor, no libre de problemas y situaciones…sino capaz de lidiar con ellas para llegar a ser la mejor versión de ti mismo, pues fuimos creados para ser realmente LIBRES y FELICES. 

No te asustes, pues no hay nada malo contigo. Todos tenemos heridas que sanar. Cuando tenemos heridas mal atendidas es que llegamos a herir a los demás (sin querer). Por ejemplo, cuando nos involucramos en relaciones que nos hacen daño; cuando aconsejamos buscando nuestro propio beneficio; cuando no podemos mostrarnos tal cual somos; o incluso, el “enamorarnos” rápidamente con tal de no estar solos… el consejo es: no tomemos decisiones basadas en nuestras heridas. 

Para empezar este proceso, es importante perder el miedo a ser vulnerables, pues debemos asumir nuestras carencias para tener un proceso de sanación, esto nos permitirá ser más empáticos y hasta tener la capacidad de ayudar mejor a los demás. Debes saber que el demonio es muy astuto y se aprovecha de nuestras heridas para meterse de a poco en nuestras mentes y corazones… generando malestar y desconfianza. Él es el más interesado en que no sanes, para que así… no ames. 

Dios es el único capaz de sanar desde la raíz y por completo, es el médico perfecto pues no solo da medicinas para los síntomas, sino que restaura por completo… nos hace hombres y mujeres nuevos, listo para amar tal cómo Él nos lo ha enseñado… sin miedo, sin egoísmo, plenamente y en libertad. Ese es un amor mucho mejor que el de una película romántica, este es un amor de verdad y para siempre. No confíes en las curas inmediatas pero pasajeras, puede que logren hacerte sentir bien por un momento… luego el vacío suele volver. 

¡Sanar para amar! Para amar en libertad y plenitud. Nos toca ser valientes para enfrentar lo que nos duele y así encontrar ese amor que tanto anhelamos. Reconociéndonos primero como obras maestras del Creador, amados por ser hijos suyos y merecedores de un amor grande… que nos haga mejores, que nos ayude a crecer y sobre todo, que nos haga santos. No te conformes con menos, somos hijos del Rey y quiere verte feliz… repito ¡SANAR PARA AMAR! 

Consejos prácticos que siempre valen la pena recordar: guía espiritual y psicológica de ser necesaria (aquí es importante que sea un profesional que comparta tu fe, para que tenga una visión completa e integral de la persona), Eucaristía, Sacramentos y santos amigos. 

Este solo es el inicio de una serie de sorpresas… vamos juntos, rumbo a un amor de verdad… recuerda que no solo vales la pena, tú vales la Sangre de Cristo. 

Por Majo

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