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Amar y continuar amando.

Aunque no siento nada.

16 Nov - 22

Josemaría, amigo enamorado

No puedo explicarles cuánto me ha enseñado San Josemaría sobre el amor a Jesús. Y aunque intente contarles, la experiencia interior de tener a un santo — ¡y a qué santo! — como amigo es impresionante. En estos dos años y un poco más que llevo conociéndolo, me ha tomado de la mano con firmeza pero con ternura y me ha llevado cerca, muy cerca del Corazon de Cristo; que además era su lugar preferido en el mundo.

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Mirar a Jesús

Estos últimos días y semanas el Señor me ha estado hablando mucho de la confianza y de lo importante que es permanecer mirándole.
El otro día en el libro que estoy meditando, leía una anécdota sobre Madre Teresa que quería compartirles y que calzó exactamente con lo que conversaba con Jesús en oración en estos días.

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Caminar sobre el agua

Ante lo desconocido, el alma tiembla. Dios dispone caminos desconocidos, que parecen imposibles, que escapan de nuestros cálculos humanos, y sentimos miedo.

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Creer sin ver

Creer sin ver. Y cómo cuesta, y cómo fallo. Porque a pesar de haber experimentado a Cristo, de haberle visto ocuparse de mis cosas, después de vivir su amor en carne propia, también empiezo a dudar.

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Está oscuro y se me hace difícil verte. Te busco, pero no te siento. Es como si no estuvieras. Pareciera que todos mis esfuerzos son inútiles. Me siento sola y sobretodo desconsolada. Me desespera no encontrarte, a pesar de los esfuerzos.

Me pongo en tu presencia y mi corazón se queda en silencio. Quiero encontrarte. Me invade el silencio. De pronto apareces, y tu presencia inunda todo. Igual no puedo encontrarte, pero ya no me siento lejos. Sucede que hay que creer que estás, creer que me hablas, creer que me escuchas, creer que me amas.

Entregarme y quedarme contigo cuando no hay fuego en mi corazón, cuando no te siento. Eso es el amor: quedarme porque te quiero, porque te creo. Porque se que me amas y conozco Tu Corazón. Porque Tú te diste a mi del todo. Quedarme porque amor con amor se paga.

Jesús, sálvame. Sálvame de ese sentimiento de soledad y consuélame sabiendo que aunque no te siento, estás. Sálvame de la tristeza del desierto. Pero sobretodo, sálvame de abandonarte cuando más me cuesta. Que no me aparte de Tí. Que no te deje. Que no deje de buscarte, de encontrarte. Que no me rinda ante las distracciones, ante el ruido del mundo. Que no me canse, que no me aburra. Que tu amor me baste. Que me bastes tú. Jesús, sálvame.

Es verdad que entras a la oración de una manera y sales completamente transformado.

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