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Pío de Pietrelcina:

santo extraordinario

23 Set - 22

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En San Pío de Pietrelcina se manifestaron dones divinos extraordinarios. Él tuvo los estigmas de nuestro Señor, tenía visiones angélicas y era amigo íntimo de su ángel de la guarda. Tenía el don de conocer el corazón de quienes acudían a él a confesarse e incluso a veces les decía pecados ocultos que no había forma de que supiera. San Pío tuvo encuentros cara a cara con el demonio, que lo molestaba con tormentos espirituales pero también físicos, sobretodo antes de cumplir alguna misión esencial, como confesar a alguien que había pecado muy gravemente o que hace mucho no acudía a la confesión.

San Pío es de esos santos que vemos y pensamos: jamás podré ser como ellos. Y tal vez sea cierto que no nos asemejaremos a Él en estos dones extraordinarios, pero hay algunas cosas, aún más es esenciales, en las que podemos imitarle. De hecho estas cosas, aunque parecen ordinarias, fueron el cimiento de que lo extraordinario aconteciera.

1. Lo primero es la obediencia rendida a la voluntad divina. San Pío era un hombre que buscaba constantemente cumplir aquello que Dios le pedía, y buscaba entender los propósitos sobrenaturales en todo lo que acontecía. Quería saber cuál era el plan de Dios y la vida intensa de oración que llevaba, lo condujo a conocer y aceptar la voluntad del Padre, aunque muchas veces no comprendía. Él sabía que debía estar estrechamente unido a Jesús, y ciertamente, sabía que sin Jesús, no podía hacer nada.

2. Lo segundo es la profunda humildad que vivía el Padre Pío. Nunca pretendió más de lo que Dios le pedía: ser un santo sacerdote. Y Él lo cumplió con tanto amor que Dios aprovechó su entrega y su corazón humilde para derramar gracias extraordinarias y atraer a muchísimas almas. En la pequeñez del alma del Padre Pío se manifestó la inmensidad y la gloria de Jesucristo. Era un alma que lo reflejaba a Él.

3. Lo tercero es la increíble disposición que tuvo el Padre Pío para servir a los hermanos. Cuidaba del cuerpo, porque de preocupaba mucho por la salud de los demás (de hecho el hospital que hoy está en San Giovanni Rotondo es el sueño del Padre Pío), pero sobretodo se preocupó por la salud espiritual de quienes se encontraba en el camino. El mayor apostolado lo realizó desde las maderas de su confesionario: sentado, siendo instrumento vivo de la misericordia divina. Miles de personas lo buscaban para confesarse todos los días y él los servía sin cansarse.

Estos tres puntos, aunque no sorprenden tanto como el hecho de hablar con ángeles o pelear cara a cara con el demonio, son los pilares esenciales de la espiritualidad del Padre Pío, que fueron cimiento de todo lo demás. Cristo resplandeció en la vida de un pequeño y pobre fraile capuchino: esa es la maravilla de ponernos en manos de Cristo y hacer lo que Él nos pide.

Como el Padre Pío, nosotros estamos también llamados a buscar la voluntad divina a cada momento de nuestra vida, viviendo en intensa intimidad con Él, de manera que sea más sencillo escucharle, obedecerle y rendirnos a sus planes.

Como el Padre Pío, estamos llamados a una santidad auténtica: vivir nuestra vocación con intensidad y fidelidad, porque de eso se vale Dios para hacer cosas extraordinarias, para mover corazones, para conquistar almas. El Padre Pío hizo lo que Dios le pedía hacer: ser un sacerdote santo. Y con eso cambió el mundo.

Como el Padre Pío, hemos sido escogidos para establecer el reinado de Jesús, haciéndonos pequeños para que Él aparezca, para que Él resplandezca. Cristo nos pide un corazón humilde que le deje vivir a Él, reinar a Él.

Pidámosle hoy al bien Padre Pío que nos enseñe a responder con fidelidad a lo que Dios nos pide, que nos enseñe a soportar con amor y alegria las dificultades y a permanecer siempre fieles a la Iglesia y a nuestra vocación. Pidámosle que nos enseñe a caminar amorosamente por el sendero de eternidad.

San Pío de Pietrelcina, ora pro nobis.

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