Síguenos en redes:

Su reino no tendrá fin.

¿Qué implica el reinado de Cristo?

23 Set - 22

Ser sal y luz

Hemos sido creados para ser sal y luz del mundo. Cristo ha querido valerse de nosotros, con nuestras debilidades, pecados, imperfecciones y faltas de amor. Él ha querido que nosotros colaboremos en su proyecto de salvación porque quiere que todos los hombres le conozcan y le amen. ¿Es posible ser sal y luz en medio de un mundo que parece rechazar a Dios? No solo es posible, es necesario; porque aunque parezca un mundo que lo rechaza, en realidad lo reclama a gritos, lo necesita, lo demanda. Es un mundo que necesita amor porque se está muriendo de frío. En medio de eso, estamos llamados a ser fuego que haga arder la tierra.

Leer más »

Un propósito: amarle mucho

Que maravilloso es saber que Cristo busca intimidad con cada uno de nosotros. Él nos ha llamado a estar con Él, ha conocerle, a servirle, a amarlo y trabajar para que otros le amen, ¡pero cuántas veces hemos rechazado esa invitación! Y se que no es fácil identificar las veces en que no hemos respondido, pero hagamos un examen rápido que nos ayude a clarificar.

Leer más »

Epifanía: Dios al descubierto

esus, te encuentro Niño, sobre el pesebre, entre los cuidados de María y de José. He llegado con los Magos a adorarte: he hecho con ellos el camino.
Te hemos descubierto, hemos visto al Rey escondido, que hoy se muestra al mundo. Un mundo que, muchas veces, no lo reconocerá. Que difícil es rendirse a lo pequeño, a lo aparentemente insignificante que esconde la grandeza de lo divino.

Se arrodillan los magos y me arrodillo yo también. En la maravilla de la peregrinación para encontrar a un Niño, envuelto en pañales, se esconden revelaciones importantes que pretendo atesorar de a partir de ahora.

Leer más »

Hasta el cielo, Benedicto

En su primera homilía pública hace ya casi 17 años, Benedicto XVI nos decía: «Mi verdadero programa de gobierno no es hacer mi voluntad, no es seguir mis propias ideas sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y la voluntad del Señor». Esta frase es el reflejo mas profundo de su pensamiento.

Leer más »

Cristo Rey del Universo. Esta semana meditaba sobre la implicancia de estas palabras en mi vida personal. Escuchamos mucho hablar sobre el reino de Dios, sobre el reino de los cielos, pero ¿cuál es este reinado? ¿Dónde lo vemos? ¿Es algo que decimos en sentido figurado hablando de la salvación? ¿Es una metáfora?

A veces resulta un término lejano o imaginativo, pero la realidad es que el reinado de Dios no es más que la soberanía absoluta que tiene el creador del Universo sobre todo aquello que ha creado. Cristo reina verdaderamente. Cristo reina hoy, vivo, presente, activamente. Pero su reino no es impositivo, no es de aplastar a quienes gobierna. Su reino es un reino de amor, al cual todos los seres humanos estamos llamados por ser amados por el Corazón de todo un Dios, que ha ganado el cielo para nosotros.

Nuestro rey resplandece Resucitado, pero también clavado en una Cruz. Nuestro rey luce una corona de vida eterna, precedida por una dolorosa corona de espinas, con la cual decidió hacer lo que ningún otro rey jamás: dar su vida por amor. Da la vida por nosotros, por ti. Y decide llamarte hijo, decide adoptarte en la familia divina y decide compartir contigo su vida divina. Este rey te quiere para Él. Te quiere suyo.

Y podemos estar seguros de que este rey, que nos toma como posesión, es un rey de infinito amor y de infinita bondad: se da Él mismo para que tengamos vida. Extiende sus manos llagadas para abrazarnos e invitarnos a conocerle. Nos abre la herida de su costado para mostrarnos Su Corazón, traspasado de amor por los hombres. Es un rey que tiene sed de nuestras almas, un rey que mendiga nuestro amor.

Cristo debe reinar en la vida de cada uno de nosotros para que el reino de los cielos se establezca en esta tierra, en la que parece tan lejano. Solamente cuando Cristo reina en nuestros corazones nos volvemos amadores, como Él. Y este reinado implica dárselo todo: tiempo, anhelos, planes, sueños, expectativas. Implica decirle cada día que tome el primer lugar. Implica comprometerse a darle el gobierno de todo, confiando en que gobernará con amor, con planes perfectos, con sabiduría divina. Que Cristo reine en nuestra propia vida implica también ir desprendiéndose de uno mismo para dejarse hacer, dejarse moldear y dejarse llevar por sus manos amorosas.

Solamente cuando le damos el primer lugar a Cristo en nuestras vidas personales, irá tomando también Él el primer lugar en lo exterior, en lo que nos rodea: el trabajo, la familia, la sociedad, la Iglesia. La Iglesia, que somos nosotros, ¡cuántas veces se olvida de hablar de Cristo! Que es su principal y más importante tarea. ¡Cuántas veces removemos a Jesús para poner objetivos y metas orientados a todo menos a la vida eterna! Busca primero el reino de Dios, nos dice Jesús, ¡y cuántas veces nos olvidamos! Nos olvidamos de que eso es lo más importante: lo único importante. Porque todo lo demás se nos da por añadidura. Porque si buscamos que Cristo reine todo lo demás toma su lugar, se ordena, se santifica, se pone en perspectiva de eternidad. Y, ¿existe algo más importante para nosotros que ganar el cielo?

No olvidemos nunca que la conquista del reino es una lucha constante y diaria. Contemplemos de nuevo a ese Jesús en la Cruz y entendamos que ese será siempre nuestro camino, pero que la vida triunfará, que ya somos vencedores aunque aparentemente no podamos verlo. Si nos cansamos, miremos de nuevo la Cruz y pidamos las fuerzas para caminar de nuevo. Nunca reneguemos de las espinas, del camino con la cruz a cuestas, de los martillazos; pues no hay camino distinto para llegar a Vivir para siempre.

Ahora que terminamos el año, acabemos con el firme propósito de hacer a Cristo rey de nuestras vidas. Dejarle todo a disposición. Entregarnos por completo con todo lo que eso implica. Confiar. Confiar en que el Rey que seguimos es todo amor y todo bondad. Confiar en que sus planes, sus caminos y sus maneras son siempre mejores que las nuestras. Amarle tanto que no podamos estar nunca lejos de Él. Trabajar con pasión para servirle, darnos a todos aquellos que Él ha amado con intensidad: a todos sus hijos. Decidamos servirle cuando muchos le han rechazado, han renunciado y le han dejado de mirar; con el propósito de vivir cada día para que los demás le conozcan y le amen, que le vuelvan a mirar. Pidamos la gracia de ser capaces de entregarnos sin reservas al servicio de un reinado eterno.

Seamos apóstoles del reinado divino. Para que Cristo reine, para que reine Su Corazón.

Comparte este contenido:

WhatsApp
Twitter
Facebook

Ser sal y luz

Hemos sido creados para ser sal y luz del mundo. Cristo ha querido valerse de nosotros, con nuestras debilidades, pecados, imperfecciones y faltas de amor. Él ha querido que nosotros colaboremos en su proyecto de salvación porque quiere que todos los hombres le conozcan y le amen. ¿Es posible ser sal y luz en medio de un mundo que parece rechazar a Dios? No solo es posible, es necesario; porque aunque parezca un mundo que lo rechaza, en realidad lo reclama a gritos, lo necesita, lo demanda. Es un mundo que necesita amor porque se está muriendo de frío. En medio de eso, estamos llamados a ser fuego que haga arder la tierra.

Leer más »

Un propósito: amarle mucho

Que maravilloso es saber que Cristo busca intimidad con cada uno de nosotros. Él nos ha llamado a estar con Él, ha conocerle, a servirle, a amarlo y trabajar para que otros le amen, ¡pero cuántas veces hemos rechazado esa invitación! Y se que no es fácil identificar las veces en que no hemos respondido, pero hagamos un examen rápido que nos ayude a clarificar.

Leer más »

Epifanía: Dios al descubierto

esus, te encuentro Niño, sobre el pesebre, entre los cuidados de María y de José. He llegado con los Magos a adorarte: he hecho con ellos el camino.
Te hemos descubierto, hemos visto al Rey escondido, que hoy se muestra al mundo. Un mundo que, muchas veces, no lo reconocerá. Que difícil es rendirse a lo pequeño, a lo aparentemente insignificante que esconde la grandeza de lo divino.

Se arrodillan los magos y me arrodillo yo también. En la maravilla de la peregrinación para encontrar a un Niño, envuelto en pañales, se esconden revelaciones importantes que pretendo atesorar de a partir de ahora.

Leer más »

Hasta el cielo, Benedicto

En su primera homilía pública hace ya casi 17 años, Benedicto XVI nos decía: «Mi verdadero programa de gobierno no es hacer mi voluntad, no es seguir mis propias ideas sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y la voluntad del Señor». Esta frase es el reflejo mas profundo de su pensamiento.

Leer más »

¡Aquí hay más contenido!

Podcast by Voluntas Tua